Todo comenzó por el fin: Entre rumba, arte y el Festival Internacional de Cine de Cali

Todo comenzó por el fin: Entre rumba, arte y el Festival Internacional de Cine de Cali

Los Festivales Internacionales de cine en todo el mundo acostumbran a celebrarse en lugares mágicos que representen los valores y los intereses de una industria cultural tan poderosa como es el séptimo arte. Esta, por supuesto, el Festival de Cannes donde se lanzan películas de Directores reconocidos internacionalmente por la academia, como Tarantino, Clint Eastwood entre muchos otros.

También, el Festival de Cine de Venecia que, por su ambiente costero, su arquitectura antigua y sus hermosos paisajes representa a carta cabal la industria cinematográfica mundial. Incluso, para no irse tan lejos, el reconocido Festival de Cine de Cartagena de Indias, donde la ciudad amurallada se viste de gala para proyectar las mejores producciones internacionales con un enfoque especial en América Latina.

Pero les apuesto que jamás habían oído del Festival Internacional de Cine de Cali. ¿La sucursal del cielo?, ¿Festival?, ¿Cine? Resulta increíble que tantos colombianos no le presten atención a este festival tan trascendental que se celebra durante la segunda semana de noviembre de cada año. Pues sí, resulta que Cali es más que salsa, azúcar y narcotráfico. Hacia los años 70 crecía en Cali una generación de artistas interesada especialmente en el cine y la literatura. Una generación, conocida como “Caliwood”, que dio lugar a algunas de las mejores películas del poco reluciente cine colombiano, y por supuesto, tenían que tener su propio Festival.

Y lo tienen precisamente por lo que representa: un cine alternativo, crítico e independiente que se desprende de una generación permeada de la resaca de mayo del 68 (en Francia, claro está), las comunas jipis, la liberación sexual y las noches interminables de drogas, salsa y “Rock n Roll”. Una generación que se encargó de visibilizar, por medio del arte, una Colombia violenta, popular y desigual que hasta el día de hoy sigue con sus mismas particularidades. Este Festival pretende, ante todo, premiar y darle relevancia a un cine crítico, al cine que va más allá de lo comercial, a aquel que busca generar, con fortuna, algún impacto social.

En esta edición, el Festival rindió un merecido homenaje a Luis Ospina, destacado Director y creador del Club de Cine de Cali “Caliwood”, quien falleció recientemente tras una larga lucha contra el cáncer. Y no es para menos este homenaje, ya que el legado que le deja al cine colombiano este maravilloso artista será perpetuo. Una de las películas proyectadas y donde hubo mayor asistencia fue – Todo comenzó por el fin- el último filme que realizó Opina, quien ganó Premio del Público en el Festival de Cine de Cartagena de Indias, donde retrata la historia de su vida y de su muerte, de sus amigos y sus enemigos, una historia que narra los verdaderos hechos que construyeron al famoso grupo de Cali.

La historia surge, paradójicamente, porque la gente, tan colombiana como de costumbre, idolatraban a estos rebeldes cineastas, Ospina, Mayolo y Caicedo, donde incluso les hacían afiches de ellos mismos al lado del ‘Che’ Guevara o el mítico Bob Marley. Para Ospina esto era casi como una burla, un insulto, y el mismo decidió justo antes de su muerte contar su propia historia. Pagando una boleta de tan solo cinco mil pesos en el festival, se podía apreciar la historia de los tres tenores de Caliwood.

El teatro Calima apestaba a un “pizquero” distinto, un público expectante al gran espectáculo que representaba esta obra. La historia cuenta la vida de tres hombres que, ante un contexto colombiano, sumamente conservador y cerrado, se revelaban por medio del arte, la fiesta y por supuesto el cine. Andrés Caicedo quien se suicidó a sus escasos 27 años, siendo parte del “club de los 27”, representa en la obra toda la liberación sexual que traía los años 70, el hipismo y el narcotráfico principalmente en la capital del Valle. Por parte de Mayolo, se habla de una historia de amor, y desamor, por la dama blanca, la cocaína, la reina de todas las drogas, la causante de un eterno conflicto social al que Ospina, en su obra crítica, le da una especial relevancia. Y, por último, muestra la vida de un sobreviviente a todo este mundo de pecado, un sobreviviente ya moribundo, el propio Ospina en una de sus últimas entrevistas revela que “La autodestrucción es, junto a la muerte, la memoria, la amistad y la ciudad de Cali, uno de los temas de Todo comenzó por el fin”.

Si aún no han tenido la oportunidad de apreciar cine colombiano, más específicamente el cine vallecaucano, por prejuicios, pereza u otras razones comunes, atrévase a hacerlo, vale la pena. Lo de Caliwood es la muestra de un arte creado a partir de la amistad y el descontento, pero a la vez la dedicación, el esfuerzo y el amor que le invirtieron es lo que ahora se transforma en un Festival de Cine Internacional se percibe desde el primer momento en que pis la sucursal del cielo. Todos los elementos costumbristas, el reflejo de una sociedad colombiana en los gloriosos años 70, le permitirá sumergirse en las profundas mieles del cine negro de Caliwood y, quien sabe, talvez lo motive a hacer una película para presentarla en el mismo festival, y ganarse el Premio al mejor Director, catalogado en la ceremonia como el Premio Luis Ospina. Por eso desde Houscript los invitamos a sumergirse en las mieles del cine Vallecaucano, y a explorar el distinto mundo del cine colombiano, honrando el talento nacional de quienes se van y apoyando las nuevas estrellas que surjan.

Autor: Juan Manuel Gacha

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