Un viaje por el olvido y la milicia

Un recuerdo en el olvido está en temporada en la Academia Charlot con el colectivo artístico Cinema Clandestino, como parte de la exposición 1819 que se realiza en el Museo Nacional por el Bicentenario de la Independencia.

Las luces se apagan de repente, las voces de los asistentes empiezan a silenciarse y una luz azul destellante ilumina el escenario; pasan unos segundos y salen los protagonistas.  La escenografía es surreal e intimista: el esqueleto de una barca construida de metal y un fondo fosforescente ambientado en el mar.  Los actores adoptan la posición inicial y un acorde fuerte de guitarra eléctrica marca el comienzo de lo que será una hora de reflexión sobre la guerra, la muerte y el olvido, en una apuesta tragicómica, con actuaciones vibrantes.

Un recuerdo en el olvido es la obra teatral que inaugura 1819, un año significativo, la exposición conmemorativa del Museo Nacional para celebrar los doscientos años de la Independencia de Colombia. El espectáculo teatral está a cargo del colectivo artístico Cinema Clandestino, que desde 2004 se dedica a crear teatro, cine y música independiente.

Es el primer día de la exposición, viernes 19 de julio, a las seis de la tarde. En el auditorio Teresa Cuervo Borda se desarrolla la historia que muestra la realidad de la guerra colombiana desde el punto de vista de aquellos que han sido olvidados en el campo de batalla: los soldados. La puesta en escena es alucinante, con un escenario minimalista donde lo que brilla realmente son las actuaciones de Diego Peláez y Giovanny Barrera, actores que le dan vida a dos soldados confundidos que navegan en un limbo donde la guerra solo ha dejado un país sin memoria. 

De esta manera, las sillas del auditorio desaparecen y en su lugar barcas del recuerdo van surcando por el tiempo hasta llegar a 1819. Se siente el agobio de los personajes ante la pérdida de memoria, su espera infinita y el abandono total de la cordura. La pieza dramática es completa a la hora de mostrar un ambiente psíquico, imaginario e irreal, pero son las interpretaciones fuertes y desnaturalizantes las que revelan con trasparencia los sentimientos de los personajes. La música en vivo, inspirada en el arte teatral ruso de principios del siglo XX, también es una característica fundamental para crear la atmosfera surrealista. Una guitarra eléctrica y una impecable coordinación entre los acordes y las expresiones de los actores son suficientes para que el espectador sienta la magia del teatro.

Esta presentación artística, que fue preparada durante seis meses, no solo es una reflexión histórica, también es una crítica a la milicia y a la memoria de nuestro país que combina la comedia y la tragedia: Rambo, Diomedes Díaz y Gabriel García Márquez son algunos de los personajes que salen a colación como héroes y antihéroes. El lugar se llena de carcajadas cada vez que hay una escena o un diálogo cómico; por un minuto la historia trágica desaparece por el encanto del humor, es casi como un espejismo de nuestra propia realidad.  Pero aun con las risas y el regocijo, el olvido no deja de ser el tema principal que conecta la historia con los que la observamos detalladamente. “El olvido es lo que une a los personajes y lo que hace que el público se identifique con ello”, opina el actor Giovanny Barrera. 

Cuando la luz del escenario se apaga, los aplausos comienzan casi de inmediato, algunas personas se ponen de pie y ovacionan a los actores.

Barrera piensa que las personas deberían ver esta obra ya que “todos debemos conocer las cosas por las que pasan los militares, sus angustias, sus miedos y fortalezas. Cuando tenemos momentos similares entendemos más a los demás y eso es lo que necesita este país: comprensión”.

Autor: Juan Manuel Gacha

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